
…Como todos saben, esas mismas “cerdas de puerco”, “espinas”, “patillas”, “persianas”, o como quiera llamárselas, suministran a las damas sus ballenas de corsé y otros ardides para apuntalarlas. Pero hace mucho que ha disminuido la demanda de ese artículo. El hueso tuvo su momento de gloria en tiempos de la reina Ana, cuando el guardainfante estaba en su apogeo. Y así como esas antiguas damas se movían alegres, por así decirlo, entre las fauces de la ballena, en nuestros días corremos con la misma indiferencia hacia las mismas mandíbulas cuando llueve: el paraguas es una tienda sostenida por esos mismos huesos.
Moby Dick Herman Melville
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