domingo, 11 de setiembre de 2011

Guardapolvos blancos

En nuestro país no hay otro símbolo equivalente de lo que representa la escuela pública que el guardapolvo blanco.

En la época de D. F. Sarmiento se creía que era malo obligar a usar cualquier tipo de uniformes por el costo que implicaba para las familias, lo que pondría más obstáculos para la asistencia a la escuela. Sólo a principios del siglo XX se empezaron a usar. La idea era proporcionar un vestuario económico, higiénico y democrático que acompañara la expansión de la escuela.


Uno de los tantos que se postula como inventor de los delantales blancos es Pablo Pizzurno, por aquel entonces Inspector General de Escuelas para la Capital Federal que formuló su queja sobre los vestidos lujosos que usaban las alumnas para ir a la escuela en 1904. Según Pizzurno, reiterando un tema central de la moralidad de la época, había que sospechar del lujo y la ostentación en las mujeres, porque se centraba en la frivolidad y porque el amor a los vestidos caros potencialmente podía llevar a oficios non sanctos. Según Pizzurno, las mujeres, naturalmente débiles de carácter y con tendencia a la superficialidad, eran más pasibles de caer en tentaciones que los hombres; y por eso su apariencia debía regularse con mucho más celo, también, por supuesto, para garantizar su "decencia" y su pudor. La queja sobre la peligrosidad del lujo y la ostentación lo llevó a recomendar el uso del delantal igualador, tomado al parecer de una clase de trabajos manuales, "con las ventajas de todo orden, morales, económicas, higiénicas y hasta estéticas que se le reconocen".


En 1915 se promulga un decreto que no sólo autoriza sino que recomienda el uso de delantales blancos para el personal docente de las escuelas de la Capital. Se lo consideró "buena práctica", porque "además de inculcar en los niños la tendencia de vestir con sencillez, suprimirá la competencia en los trajes entre el mismo personal."
Los delantales rápidamente "colonizaron" las formas de vestirse de los niños y los adultos en las escuelas públicas. El camino hacia la uniformación del vestuario ya estaba pavimentado.


Los relatos de quienes sostienen haber inventado los guardapolvos hablan de la disponibilidad de las telas blancas y de su costo más bajo, algo que debería ser contrastado con una historia de la industria textil que aún no ha sido escrita. Se creía que el blanco era el mejor color para la ropa higiénica, porque es un buen conductor del calor y porque es liviano; también fue el centro de la "estética de lo lavable" que prefería las superficies lisas y claras para garantizar la limpieza.
La historia de los guardapolvos escolares no es solamente la de la democratización de la escuela; los guardapolvos también fundaron exclusiones e impusieron jerarquías y desigualdades de género, sociales, raciales y culturales.
Habría que interrogar estas apariencias y formas del vestir en la escuela y pensar acerca de la justicia y la libertad que promueven.

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