
Desde el siglo XVIII los oficios vinculados a la moda (zapateros, sombrereros…) gozan de una creciente consideración artística. Aparecen entonces tratados sobre el arte del peinado: se habla de un arte capilar que luego sería relevado por los maestros sombrereros;
Goncourt habla de los artistas de los zapatos. La época democrática eleva los aspectos relacionados con la moda al nivel de un arte sublime. En la era de la igualdad, los
grandes modistos serán en adelante artistas geniales
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