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sábado, 5 de noviembre de 2011

Soberbias modas. The Magnificent Ambersons

... En ese pueblo, en aquel entonces, todas las mujeres se vestían de seda o terciopelo y conocían a las demás mujeres que vestían de seda o terciopelo.
... se veían hombres de todas las edades para quienes un sombrero significaba solo esa cosa alta y rígida de seda conocida por los impúdicos como "tubo de estufa". Pero el extenso contagio del bombín había llegado. Una temporada, la copa de este sombrero sería como un cubo, la siguiente sería una cuchara.
Cada casa conservaba su sacabotas, pero las botas altas dieron paso a los zapatos y las polainas de congreso. Estos fueron modificados por la moda que les dio forma cuadrada a las puntas y luego con las puntas como las proas de proyectiles de carreras. Los pantalones con una raya se consideraban plebeyos. La raya probaba que la prenda había estado en un anaquel y, por lo tanto, estaba ya preparada.
Con traje de etiqueta, un caballero vestía un abrigo color marrón claro, tan corto que sus faldones negros colgaban visibles 12,5 centímetros abajo del abrigo. Pero después de una temporada o dos alargó su abrigo hasta que le tocaba sus talones. Y dejó sus pantalones ajustados por los pantalones como grandes bolsas.
En aquellos días ellos tenían tiempo para todo.
...







The Magnificent Ambersons. Soberbia.
Dir: Orson Welles. 1942
Wardrobe designer ladies: Edward Stevenson  Edward Stevenson Collection



lunes, 17 de octubre de 2011

Espejos


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No es difícil llegar a la conclusión de que ha desaparecido de la tierra algo de su esplendor. 


El mismo misterio antiguo del vestir —un vaporoso chal en los hombros de una mujer enigmática, un aigrette en el sombrero de una desconocida equívoca, una cinta en una media— se ha desvanecido a la dura y realista luz del presente, lleno de necesidades utilitarias, de una uniformidad idéntica aunque práctica y de una perfección al por mayor perfectamente anónima.

Aquellas mujeres de Poiret que hollaban el césped de Longchamps como finos caballos flamencos, han sido reemplazadas por una hilera de chicas en traje de baño y foto de almanaque.


Sin embargo, siempre supone un peligro el lamentarse de las glorias perdidas del pasado y de la barbarie del presente.
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Si todo cambio es penoso, resulta tambien tan necesario como el aire que respiramos.
La moda es la expresión sutil y mudable de cada época. Sería insensato el pretender que nuestro espejo social devolviera siempre la misma imagen. Lo importante, en última instancia, es comprobar si esa imagen corresponde realmente a lo que sentimos que es.



El espejo de la moda  
Cecil Beaton  

jueves, 1 de septiembre de 2011

La loba. Bette Davis

Si hubo alguna vez en Hollywood una actriz capaz de bordar, como nunca antes lo había hecho nadie los papeles de malvada esa fue, indiscutiblemente Bette Davis.

Hollywood - Los Angeles, California, 1941.
William Wyler dirige para Samuel Goldwyn el drama americano The Little Foxes.
La estrella: Bette Davis. El vestuario: Orry-Kelly.

  
Las leyes de conservación de California impiden el uso de los pájaros disecados en los sombreros.
Frente a tal prohibición Orry-Kelly toma prestada una paloma blanca, el epítome del arte taxidermista, del Museo de Louisiana. 
Puede verse aqui sobre un sombrero con velo.



Bette Davis es "el ave rapaz" Regina Giddens

"dice el Señor, matad a la loba que se come nuestras vides, y nos roba nuestros racimos de uva"

domingo, 7 de agosto de 2011

Maestros: Lucile

Lady Duff-Gordon (Londres 1863-1935) más conocida como Lucile fue una famosa estilista británica. En 1891 abrió su primera casa de costura, la Maison Lucile en Hanover Square, luego le siguieron los salones Paris, Nueva York y Chicago, vistiendo a la alta sociedad, la aristocracia, la realeza y actrices del cine. 
 

Especialmente apreciados eran sus vestidos de té, confeccionados en gasas ligeras, tafetanes, popelines y sedas. Afirmaba haber revolucionado la ropa interior femenina perfeccionando el corsé y haciéndolo más ligero.
Creó en 1907 el vestuario de Lily Elsie para la obra de teatro "La viuda alegre", que se estrenó en Londres y los trajes fueron un furor de moda.
Obras maestras de delicada artesanía. Vestidos de estilo Directorio de cintura alta, que caían rectos hasta el suelo y terminaban en la parte inferior con franjas recargadas de toda clase de adornos, bordados, abalorios y lentejuelas, añadidos de encajes, lazos y guirnaldas de rosas diminutas. Un sentido del color tan sutil que la delicadeza de los matices resultaba de un esplendor suave e indefinible, remarcado por la introducción de alguna banda o faja de tonos malva o verdes muy vivos, y tal vez algún toque de rosado o anaranjado.
Hasta su aparición las modistas de París presentaban sus ropas sobre maniquíes que llevaban un maillot interior de seda negra con cuello alto y mangas largas, encima del cual se ponían los vestidos de Doucet o de Worth. Lucile descartó estos interiores negros y empleó como modelos jóvenes hermosas de elevada estatura que, según el pintor Étienne Drian se paseaban afectadamente de una parte a otra con sus turbantes y sus colas con la misma apariencia de langostas impertinentes. Así Lucile instauraba los desfiles de modas, teatrales, con escenario, música y luces.
El 15 de abril de 1912 viajaba junto a su marido Sir Cosmo Duff en el RMS Titanic para visitar la boutique de Nueva York que había abierto en 1910. Viajaban con los nombres de Sr. y Sra. Morgan, quizá para evitar la publicidad. Debían llegar rápidamente para ocuparse de un negocio urgente. Se alojaban en camarotes independientes y tenían reservado un tercero para la sirvienta de Lady Lucile. No cabe duda de que las damas de primera clase tomaban buena nota de lo que vestía durante el día y en la cena. 
Los tres sobrevivieron a la tragedia.

martes, 2 de agosto de 2011

Poiret y los estilos orientales.

 Poiret liberó a las mujeres. Durante los años anteriores a 1911 ya había transformado la moda francesa. Fue principalmente él quien selló el destino del corsé y puso fin a una época en la que el cuerpo femenino se había dividido en dos masas con una cintura marcadamente estrecha.
"Era todavía la época del corsé. Lancé una guerra contra él … En nombre de la libertad, provoqué mi primera revolución, sitiando deliberadamente, al corsé"
La nueva tendencia de Poiret resaltaba los colores llamativos, el movimiento físico, una imagen reducida y unificada del cuerpo, con ropa que caía desde los hombros. La cintura se trasladó hacia arriba, inmediatamente debajo de los senos, y se diseñaron vestidos que seguían la línea del cuerpo, recuperando el estilo Directorio. Esta tendencia neoclásica estuvo influida por las innovaciones que Isadora Duncan efectuó en la danza y en el vestido.  
 
En 1911, tras el  estilo Directorio Poiret introdujo el primer estilo oriental. Había resumido su trabajo de los tres años anteriores en el álbum ilustrado Les choses de Paul Poiret, obra de George Lepape. La última sección del folleto, dedicada a las modas “del mañana”, mostraba cuatro imágenes de mujeres en pantalones.  
 
Los “pantalones de odalisca” permitieron a Poiret lanzar un estilo bifurcado en la esfera de la alta costura.  El modisto dio el paso crucial que suponía la abolición del miriñaque y la falda ancha diseñando “quatre manières de culotter une femme”, basadas en la idea del vestido oriental. Así, recapituló, en un contexto diferente los bombachos de Amelia Bloomer (1850) como la falda oriental o falda pantalón de Lady Harberton, diseñadas en la década de 1880 para la Racional Dress Society.
 
El asalto a la nevera:    Reflexiones sobre la cultura del siglo XX    Peter Wollen