
Larmessin dispuso para cada profesión un traje cuyos elementos se tomaban oníricamente prestados de los propios instrumentos del oficio para luego armonizarse en una especie de linea general, de gestalt significante, recordando las pinturas de Archimboldo. Se trata de una especie de pansimbolismo desenfrenado, creación a la vez poética e intelectiva, donde la profesión se ofrece en su escencia imaginaria: formas recargadas del pastelero, serpentinas del boticario, flechas del artificiero, curvas y protuberancias del alfarero, etc. En esta fantasmagoría el vestido acaba absorbiendo totalmente al hombre, el trabajador queda anatómicamente asimilado a sus instrumentos, y a la postre lo que se describe poéticamente es una alienación: los trabajadores de Larmessin son robots avant-la-lettre.
3 comentarios:
que miedo esos trajes tan empaquetados, te imaginas si aun nos vistieramos así, con tanto almidon y adorno??
Aunque en realidad hay muchas que aun se visten con mucho adorno
Felices fiestas!!
el vestido siempre acaba por absorber al hombre.. el vestido es la forma de expresion mas pura del hombre.. el vestido es la forma de expresion mas irreal del hombre.. vestir y comunicar.. siempre caigo en contradiccion, es invevitable.. no deja de asombrarme el blog..
Tú blog es genial!!!!! Gracias.
Deseo que tengas un año Nuevo fantástico. Un abrazo
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