
El progreso tecnológico en la industria textil de los años sesenta hizo posible un número sin precedentes de materiales que nunca antes habían sido utilizados en la industria de la moda.
La severidad del
vestido de linea A y la simplicidad de las chaquetas cortas y los abrigos eran el marco perfecto para aplicar una tendencia que empezaba a imponerse: combinar el blanco y el negro. La moda de los sesenta era muy gráfica, y
John Bates, un diseñador británico consciente de lo visualmente poderosa que podía ser, creó el celebrado vestuario de la actriz Diana Rigg en su papel de
Emma Peel en la serie
Los Vengadores, utilizando exclusivamente blanco y negro en rayas, cuadros y dibujos de espiga. Las rayas, los lunares, cuadros y estampados de cebra se conviertieron en ilusiones hipnóticas y, de inmediato, la influencia de
artistas op como
Bridget Riley y
Frank Stella se filtró en la moda.
El termino
op art se acuñó para designar los efectos de la línea y de las áreas de contraste entre la línea y el color, y los diseñadores hicieron suyas estas tendencias artísticas, modificándolas para usarlas en sus diseños.
André Courréges, Pierre Cardin, Emanuel Ungaro y
Julian Tomchin bebieron del op art y de los movimientos de arte abstracto.
Yves Saint Laurent diseñó estampados geométricos para su aplaudida línea de
vestidos Mondrian, a la que siguió la de los
vestidos pop art en 1966, que adornó con tiras cómicas.
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