domingo, 5 de julio de 2009

Maestros: Mr John. Hats

Entre los años 1940 y 1950 el nombre de Mr. John fue tan famoso en el mundo de los sombreros como el de Christian Dior en el ámbito de la alta costura. El artista entre los milliners. Sus sombreros eran esculturales. En un momento en que los sombrereros acumulaban flores, plumas y tul, Mr. John buscó sombreros más simples, basándose en el efecto de la pura forma. Capelinas, turbantes y boinas. El estilo americano y las revistas de moda.
Se hizo ámpliamente famoso a partir de los sombreros para Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, y fue el comienzo de una larga asociación con Hollywood y el estilo de mujeres como Mary Pickford, Greta Garbo, Gloria Vanderbilt, Gloria Swanson, Jacqueline Kennedy Onassis y la Duquesa de Windsor. Sus sombreros también se usaron en Los caballeros las prefieren rubias y Shangai express. Mr John cerró sus puertas en 1970.

miércoles, 1 de julio de 2009

Rick Blaine (siempre tendremos Paris)

The man in the trench coat
Capitan Louis Renault: "Rick es un hombre del que si yo fuera mujer me enamoraría"
Casablanca Dir: Michael Curtiz Vestuario: Orry Kelly

martes, 30 de junio de 2009

Georgina Spica

-Me gasto 400 £ por semana en ropa.
The cook, the thief, her wife and her lover Vestuario: Jean Paul Gaultier

domingo, 28 de junio de 2009

Portraits

Clark Gable y Joan Crawford, 1931
Humphrey Bogart y Lauren Bacall, 1945
Charles Boyer y Hedy Lamarr, 1938
Old Hollywood is over? Release the stars. Rufus Wainwright

sábado, 27 de junio de 2009

La Venus negra

La princesa Tam-Tam (1935) Dir: Edmond T. Greville
Ya en 1927, Josephine Baker era la artista del espectáculo mejor pagada de todo Europa y rivalizaba con Gloria Swanson y Mary Pickford por ser la mujer más fotografiada de todo el mundo.
Para que te traten bien ¿hay que estar bien vestido?

martes, 23 de junio de 2009

Anuncios

Borsalino (1970) Dir: Jacques Deray Alain Delon, Jean-Paul Belmondo
En un severo cartel enlosado en el que unos pequeños raspones son prueba de que ya ha superado los cien años, la disposición anuncia: “Por orden del Comisario se prohíbe entrar armado y con sombrero puesto al despacho de bebidas. Orden policial. Febrero 1892”. Entramos al salón donde según los anuncios publicitarios, podríamos comprar una Bidú para los chicos, beber nosotros una Lusera o una Havana, pedir para la señora que está con dolor de cabeza un Geniol y ¿por qué no?, probarnos un sombrero Borsalino confeccionado por “Borsalino, Giuseppe e fratello”.

sábado, 20 de junio de 2009

Nunca mires una vitrina con sombreros...

...me sorprende que los sombreros de mujer no provoquen más asesinatos...
Testigo de cargo (1957) Dir: Billy Wilder Marlene Dietrich, Charles Laughton, Tyrone Power Vestuario: Edith Head.

jueves, 18 de junio de 2009

Lineas (Ch. Dior)

Tras la Segunda Guerra Mundial la mujer encuentra, definitivamente, el sitio de su cintura y la forma de su cuerpo. La mujer consigue por fin, parecerse a sí misma. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones. Los modistos inventan varias líneas femeninas nuevas: la A, la H, la O (de tan arcaica raigambre), la I, etc. A pesar de ello, las mujeres conscientes no hacen caso y siguen utilizando la línea natural, que no es precisamente, la distancia más corta entre dos puntos.

sábado, 13 de junio de 2009

Joyas masculinas

La norma general es que el hombre debe llevar pocas joyas y muy simples. Las más usuales, además de la alianza de matrimonio son: la aguja del cuello de la camisa, el alfiler de corbata, los gemelos, el reloj, la hebilla del cinturón, y las condecoraciones e insignias. El alfiler de corbata tiene su origen en la aguja o imperdible que se llevaba en el siglo XVIII para mantener en su sitio la voluminosa lazada de muselina o encaje que estaba de moda. Buena solución para que la corbata no se mueva, sobre todo si es de seda fina. Las corbatas de tejido grueso es mejor llevarlas caídas y sin ninguna sujeción. Los gemelos son imprescindibles cuando se llevan puños dobles. Las hebillas de cinturón deberían ser discretas, sobre todo en trajes formales. Las condecoraciones únicamente se ponen con uniformes o con jaqué. Van en la solapa izquierda, en fila y de arriba-abajo según su importancia. Las insignias indican la pertenencia a algún club o asociación. En el siglo XVI, cuando la fabricación de relojes estaba a cargo de los cerrajeros, aparece el reloj de colgar, al parecer, obra de un cerrajero alemán que redujo la maquinaria hasta adaptarla a una caja de píldoras, a la que le puso una tapa de cristal. Estos relojes se llevaban colgados de una cadena o cordón. Los primeros relojes de muñeca se fabricaron hacia 1890. Al principio no tuvieron éxito porque se consideraban pulseras, propios de las mujeres, pero durante la I Guerra Mundial, los adoptaron los oficiales, porque era más fáciles de consultar, y desaparecieron las connotaciones femeninas. Hacia 1930 se hacen sumergibles, y en 1969 se hizo un reloj para ir a la luna, el Speedmaster, diseñado por Claude Baillodin y rigurosamente probado por la Nasa. El reloj electrónico digital, preciso y de fácil lectura apareció en la década de 1960.

martes, 9 de junio de 2009

Solapas

El origen de las solapas de la chaqueta está en las altas túnicas militares de cuello alto. Para ir más cómodos, los soldados desabrochaban los botones de arriba y abrían el cuello. Cuando su uso pasó al traje civil, los sastres mantuvieron la muesca que marcaba el inicio del cuello originario y el ojal en el lugar en el que la túnica cerraba el cuello.

miércoles, 3 de junio de 2009

Pensá en rosa!

Funny Face (1957) Dir: Stanley Donen Vestuario: Edith Head & Hubert de Givenchy

domingo, 31 de mayo de 2009

Maestros: Dovima / Avedon

Dorothy Virginia Margaret Juba, también conocida como Dorothy Horan o Dovima, fue una modelo estadounidense de los años 50. Cuando tenía 10 años sufrió de fiebre reumática y fue en aquellos tiempos cuando inventó una amiga imaginaria llamada “Dovima”, palabra creada al tomar las dos primeras letras de sus tres nombres. En 1949 un editor de la revista Vogue se acercó a ella y al día siguiente estaba posando frente a Irving Penn y otros fotógrafos de renombre.
Apareció en la portada de importantes revistas de moda y tuvo una cercana relación con Richard Avedon, quien la inmortalizó al fotografiarla entre dos elefantes del Cirque d’Hiver en agosto de 1955. El traje negro que usó en aquella fotografía fue el primer vestido de noche que Yves Saint Laurent diseñó para la marca Christian Dior.
En 1957, Dovima interpretó a Marion en la película Funny Face. El film, que fue nominado a cuatro premios Óscar, estaba basado en la vida del mismo Richard Avedon y narraba la historia de un exitoso fotógrafo de modas que intentaba convertir a una vendedora de libros en modelo. Avedon comenzó su carrera profesional en 1950 realizando espléndidos trabajos de moda para la revista Harper’s Bazaar, donde acabó convirtiéndose en Jefe de Fotografía. Posteriormente, habría de colaborar igualmente con otras revistas como Vogue, Life y Look. Sin duda alguna, fue el gran fotógrafo de la moda durante los años 1960 y 70. En sus trabajos consiguió elevar la fotografía de moda al rango de lo artístico, al conseguir acabar con el mito de que los modelos debían proyectar indiferencia o sumisión. Por el contrario, en sus fotografías los modelos eran personajes libres y creativos en sus gestos, dentro de escenarios dinámicos y bajo esquemas compositivos previamente decididos. Dovima murió el 3 de mayo de 1990, a la edad de 62 años, en Fort Lauderdale, Florida. Luego de su muerte, Richard Avedon dijo: «Ella fue la última de las bellezas aristocráticas, elegantes... La más notable y original belleza de su época». El 25 de septiembre de 2004 mientras se encontraba en San Antonio, Texas, en una sesión fotográfica para un proyecto encargado por la revista The New Yorker, Richard Avedon sufrió una hemorragia cerebral. Murió en la misma ciudad el 1 de octubre.

lunes, 25 de mayo de 2009

La moda según Adrian

Mujeres (1939) Dir: George Cukor Vestuario: Adrian Norma Shearer, Joan Crawford, Rosalind Russell

domingo, 24 de mayo de 2009

(G)loves Story

Ya nadie arroja el guante en señal de desafío para retar a duelo. En todo caso, alguien podrá dejarlo caer con la gracia de un párpado entornado.
Aunque resulte paradójico, el guante le confiere desnudez a la mano: al ocultar, descubre. Quizás resida allí el misterio de su sensualidad, difícil sustraerse a su connotación erótica. Quienes recuerden el lento streptease de Rita Hayworth en Gilda –strapless negro y un interminable guante de satín (Jean Louis interpretando a Madame X de John Singer Sargent) –estarán de acuerdo en que le bastó desenfundar su mano para desnudarse hasta el alma. ¿Habrían tenido igual significado las cartas amorosas de Armando si Margarita Gautier no las hubiera escondido entre la palma de su mano y la textura del guante? ¿No suena perturbador el latido secreto de un reloj abrochado en una muñeca enguantada? Hay una leyenda que entrevera guantes, mujeres y leones. La historia de la dama que arroja su guante blanco a la jaula de los leones para probar al amor de su pretendiente fascinó a los españoles que la hicieron suya en la figura de Manuel de León, personaje del tiempo de los Reyes Católicos. “¿Cuál será aquel caballero/ de esfuerzo tan señalado/ que saque de entre los leones/ mi guante tan preciado?" Manuel se juega, recoge el guante y al entregárselo a su novia le aplica un bofetón para que aprenda. Final feliz, casamiento y moraleja: la vida de un hidalgo vale más que un guante y un valiente que castiga lo malo, buen marido ha de ser Buenos Aires, década del 40, boquitas pintadas y combinaciones de satín y lunares. En una casa con jardín y escalinatas en la calle Aguilar (Belgrano) una alemana fabricaba guantes de jersey, de napa y de fina cabritilla, terminados a mano y rematados delicadamente con bordados de rositas al tono. El negocio de la calle Santa Fe al 2400, propiedad de la señora Acevedo Díaz, también vendía guantes, medias y carteras. A el concurrían elegantes de alcurnia a las que había que tratar de señoritas, aunque no lo fueran. No solo para fiestas y casamientos, los guantes también se imponían para un te en La París o para un copetín en El Galeón. Más tarde, en los 50, los guantes eran blancos, cortos, molestos y olvidables, sobre todo los de la mano derecha, tan proclives a morir de abandono en la oscuridad de un cine o en los bancos de la Plaza San Martín. En 1986, la tradicional casa Carpincho, de la calle Esmeralda, auspició un desfile inédito, un desfile de guantes. Multicolores, largos, cortos, para la noche y para toda hora, volvieron a despertar la atención de las manos femeninas, en un retorno que poco tiene de revival: hoy son moda.

martes, 19 de mayo de 2009

Más leyendas sobre guantes

Cuenta la leyenda que mientras Afrodita, diosa del amor y de la belleza perseguía en los bosques al hermoso Adonis, se lastimó las manos con unas espinas. Las Gracias, divinidades secundarias, en cuanto oyeron sus lamentos acudieron presurosas y tuvieron la idea de unir unas tiras delgadas y livianas que adaptaron a las preciosas manos de la diosa. Podríamos suponer, entonces, que las Gracias fueron las inventoras del guante. Sin embargo el celebre general e historiador griego, Jenofonte, afirma que los persas en invierno después de cubrirse los pies y la cabeza, usaban mitones (guantes); estos accesorios estaban muy difundidos entre otros pueblos de Asia Menor y tanto los etruscos como los egipcios conocían su uso desde tiempos antiguos. En el siglo IV de nuestra Era, para los caballeros los guantes eran un objeto de lujo, un símbolo de elegancia y un distintivo de casta. Durante la Edad Media las armaduras de los hidalgos incluían manoplas de acero, pero con el refinamiento, las manoplas aceradas se transformaron en guantes de terciopelo muy fino a veces adornados con perlas y piedras preciosas. Sin embargo la tradición y la ética no permitía el uso de guantes a las damas. Hacia el siglo IX, al empezar las damas a llevar los guantes, los fabricantes emplearon diversos materiales para confeccionarlos, dándoles curiosas formas. En los siglos XII y XIII Italia, España y Francia rivalizaban en la industria del guante. Los guantes venecianos fueron celebres, no tardaron en ser perfumados y estuvieron mucho tiempo en boga, aunque Venecia también los importaba de Oriente. Maria Estuardo, la reina Isabel y Catalina de Medicis dieron mucha importancia al lujo de sus guantes. Intrigante y defensora de sus hijos, la reina consorte de Francia, no dudó en emplear los más potentes venenos contra quien se ponía en su camino. Así lo hizo con Juana de Navarra, una fanática hugonote que murió misteriosamente tras recibir unos hermosos guantes perfumados, como regalo de Catalina, fabricados por un prestigioso artesano italiano. Eso cuenta la leyenda…

martes, 12 de mayo de 2009

Visitas

Más de 100.000 metros de tela. ¡Se agradece!

lunes, 11 de mayo de 2009

Guantes

La evolución de los guantes se debió a la necesidad de proteger las manos contra el frío y los efectos del duro trabajo manual. En el norte de Europa, se hallaron los “guantes de bolsa”, fundas de piel animal que llegaban hasta el codo, de unos diez mil años. Por la misma época, aparecen también los mitones. Los primeros pueblos que habitaron las tierras cálidas lindantes con el Mediterráneo utilizaron guantes para la construcción y las labores agrícolas. Hacia el 1.500 a.C., los egipcios fueron los primeros en hacer de los guantes un accesorio decorativo. En la tumba de Tutankhamon, se hallaron un par de guantes de suave tela de lino envueltos en varias capas de tela, así como un solo guante tejido con hilos de varios colores. La separación entre el pulgar y los demás dedos no dejan duda de que hace al menos 3.500 años ya se usaban guantes con toda la forma de la mano. En la Edad Media formaron parte casi exclusivamente del atuendo masculino caballeresco y, hasta el siglo XV, sólo los hombres de la nobleza los usaban, como símbolo de pertenencia a una clase social. Hasta el siglo XVI no se convirtieron en prenda de uso femenino, por iniciativa de Catalina de Médicis, reina de Francia.
Joven mujer con guantes 1930, Tamara Lempicka

jueves, 7 de mayo de 2009

Turismo vascongado

En Bayona, la boina y la alpargata anuncian al país vascongado. Los semblantes ofrecen características de pureza étnica que en vano buscaríamos por los barrios de París. Una iglesia, severa a pesar del realismo incipiente de sus imágenes, nos recibe con un letrero en que se lee: "Las señoras vestidas de modo indecoroso deben abstenerse de entrar en la iglesia". Pero, ¿a qué le llamará el buen párroco “vestirse de modo indecoroso? Porque, de acuerdo con la multiplicidad de modas impuestas en las playas actuales (¡no olvidar que estamos a unos kilómetros de Biarritz!), es difícil saber ya dónde termina el bien y comienza el mal. En materia de indumentaria femenina, lo que era perfectamente indecoroso hace años, se ha vuelto ahora atributo de una mojigatería imperdonable. ¿Indecorosos los brazos desnudos, la piernas sin medias? ¿Qué diría el excelente cura de Bayona si su iglesia fuera visitada por algunas muchachas adictas al short, ese pantaloncito corto que hizo furor, este año, en todas las playas de Europa? ¡Oh, señor! ¡Cuán oscuros son los designios de la Providencia…!
De crónicas de España (1925-1937) Alejo Carpentier

martes, 5 de mayo de 2009

Maestros: Irving Penn

Irving Penn nació el 16 de junio de 1917 y empezó publicando dibujos en Harper's Bazaar y tras la segunda guerra mundial pasó a ser conocido por su fotografía de moda. Penn trabajó durante muchos años haciendo fotografía de moda para Vogue, siendo uno de los primeros fotógrafos que se atrevió a hacer uso de la simplicidad de la fotografía de moda con fondo blanco o gris. Por su lente desfilaron Martha Graham, Marcel Duchamp, Georgia O'Keeffe, W.H Auden, Igor Stravinsky y Marlene Dietrich entre otros personajes famosos. En 1950 Penn se casó con su modelo preferida, Lisa Fonssagrives y en 1953 creó su estudio. La claridad de la imagen, la composición, el cuidado en el uso de objetos y en las poses, son marcas características de Irving Penn, además del exquisito uso de la iluminación. En 1992 Penn quedó viudo al morir su inspiradora esposa Lisa Fonssagrives, musa del new look de Dior.

sábado, 2 de mayo de 2009

Supersticiones II

Entre los actores se dice que vestir de amarillo o llevar algo amarillo en una obra de teatro es de mala suerte, porque en 1673 Jean Baptiste Poquelin, conocido como Molière murió representando su obra “El enfermo imaginario” vestido de ese color. A su vez, el amarillo es el color asociado con la prensa sensacionalista, la monarquía china y la economía mundial.

viernes, 1 de mayo de 2009

Supersticiones

Poner un sombrero encima de la cama es presagio, en España e Italia, de que algo malo va a ocurrir. Esta superstición tiene también otro significado: si alguien deja un sombrero sobre la cama se le quedará la mente en blanco.

jueves, 30 de abril de 2009

Dos historias de geranios

La obra maestra entre las invenciones de papá fue la fibra de poligeranio. Obra maestra a medias fallida, como todas las suyas. […] La semilla dorada del primer geranio mutante permitía conjeturar toda una civilización de la flor y el velo, del color y la belleza. Nada de eso ocurrió. La prueba inicial fue exitosa, y con ella, una vez que hubo abandonado sus proyectos de desarrollo, papá mandó confeccionarme un vestido, que fue el primero y último y único vestido de fibra de poligeranio, y lo usé hasta que crecí y me quedó chico. En realidad no fue la única prenda que se hizo con la tela de prueba: sobró una tira, a la que mi papá le hizo coser un prolijo dobladillo para usarlo como pañuelo al cuello. El poligeranio era un aislante perfecto, y él no se sacó más el pañuelito, ni invierno ni verano. Como yo tampoco me sacaba nunca mi vestidito, hubo otro elemento de unión entre nosotros dos, aunque estuviéramos separados.
"Yo era una niña de siete años". César Aira
Lisovika es una criatura sobrenatural de la mitología eslava. Vive en un lugar apartado, en el bosque, y cuando se endemonia, provoca tormentas y rompe árboles. Según los polacos Lisovika es una mujer con cuernos de ciervo que lleva un vestido de hojas y flores negras de geranio. Es la reina del bosque, controla todo lo que la rodea. Su lema es: "he ido, he encontrado, y he perdido". Desconcertar a las personas es su juego favorito; si la persona da una vuelta a su alrededor puede perder su personalidad. Para dispersar esa brujería hay que ponerse la ropa al revés y no tener miedo al ridículo, ni a lo que digan los demás. El maniquí con cuernos reales de ciervo, cubierto con 40.000 cristales negros, lleva un vestido de hojas naturales de geranio hechas con polvo de ágata negra combinados con látex. Obra del artista polaco Piotr Rybaczek

martes, 28 de abril de 2009

Coincidencias

Frida Kahlo y su cervatillo Granizo
Audrey Hepburn y su cervatillo Pippin

martes, 21 de abril de 2009

Infinita variedad femenina

El ropaje se asocia con la magia, que no sólo cambia el perfil de la persona sino también le da aliento, confianza y fe; sin duda alguna, un vestuario precioso debe de ser una terapia espiritual tanto para los tristes como para los enfermos. Los encajes, los listones, las rumorosas enaguas, las trenzas, los huipiles, los tocados tehuanos enmarcando como lunas ese rostro de mariposa oscura, dándole alas: Frida Kahlo, diciéndonos a todos los presentes que el sufrimiento no marchitaría, ni la enfermedad haría rancia, su infinita variedad femenina. (Carlos Fuentes) Según los criterios y la estética dominantes, las enaguas, encajes, mantillas, puntillas, lentejuelas, collares, aros, etc. son propios del atuendo femenino, mientras que los pantalones, los chalecos, las corbatas, etc. son masculinas. Jugando con los criterios y la estética dominante, la “infinita variedad femenina” de Frida Kahlo envuelta en el suntuoso traje de tehuana ostenta un signo masculino, el bigote. No con la intención de las criollas que en los retratos virreinales aparecen con un ligero bigote como señal de su ascendencia blanca que las distinguía de las lampiñas indígenas, sino para revelar su dimensión masculina. Frida era muy bella. O era más que bella: era tremenda. Tenía unos ojos feroces y maravillosos, una boca perfecta, el entrecejo hirsuto, un bigote apreciable. (Montero)

domingo, 19 de abril de 2009

La elección de lo necesario

Cuando estudiaba en la preparatoria, Frida Kahlo vestía blusas blancas de cuello marinero y grandes corbatas, falda azul marino plisada y un sombrero de paja que adornaba con moños, pareciendo una pequeña intelectual alemana, haciendo honor al origen de su padre. En ese momento el lado autóctono materno todavía no germinaba. Después de incorporarse al grupo intelectual mexicano más bohemio de los años treinta, Frida Kahlo empezó a usar los vestuarios tehuanos. Para Frida el traje de tehuana era una suerte de “elección de lo necesario”, por la mexicanidad que invadía su pensamiento y comportamiento, enfatizando ser hija de la época. Además la falda flotante y el ámplio rebozo podían cubrir perfectamente su cuerpo martirizado, su corsé ortopédico, su pierna delgada, su pie lastimado. Entre lo oscuro y lo brillante, entre lo pecaminoso y lo salvífico, entre lo destructivo y lo constructivo, bajo la oscuridad irrumpió la luz de una nueva Frida que renacía en su traje. Esta elección del atuendo constituyó un salto, una superación de su proyecto intelectual que realizó su identidad nacional y presentó un sello de mexicanismo. Se hizo la más mexicana de los mexicanos. Vestirse era para Frida Kahlo una acción artística y, a su vez, una expresión pictórica: se acicalaba tanto para participar en la vida social como para sentarse frente a un espejo a pintar.

sábado, 18 de abril de 2009

Frida Kahlo

El accidente la bautizó con la sangre y los polvos de oro.

martes, 14 de abril de 2009

Transformaciones

La Moda enfatiza precisamente el sexo, la personalidad, la ubicación social. Pero también puede camuflarlos: el hombre puede vestirse de mujer y viceversa, por gusto o para confundir a los demás, como dice Virginia Woolf en su Orlando. En ese sentido, la vestimenta es un código, un signo y como tal tiene un significado y termina por producir un espejismo.
...en última instancia, cuando transformamos nuestro vestido transformamos nuestra alma […] Barthes

lunes, 13 de abril de 2009

La nueva Roma.

“La Revolución Francesa repetía a la antigua Roma tal como la moda a veces resucita una vestimenta de otros tiempos”. Walter Benjamín. Argan describió el procedimiento revitalista en términos de una articulación entre la recuperación crítica de una construcción del pasado y una rebelión motivada por requerimientos del presente: se convoca un momento del pasado para cerrar su ciclo desde una cita nunca idéntica al que sería su modelo, y siempre contradictorio con él . Tanto en Benjamin como en Argan pueden encontrarse los modos de no caer en la tentación de ver la cita sólo como obediencia a la autoridad de las fuentes, o el revival sólo como fuga del presente. Tal vez algunos textos de Dorfles puedan emplazarse en un espacio conceptual complementario: en su descripción de las relaciones entre estilo y moda elige centrarse en el surgimiento de “afinidades electivas” entre épocas y períodos históricos. No aparece en sus observaciones el componente de fragmentación, distancia o ironía con que la moda arranca del relato histórico o del olvido la norma estilística recuperada, sin respetar los sentidos generales de su circulación de época. Lo que Dorfles advierte, sí, tempranamente (1970), es el acercamiento a los dispositivos de la moda en lo que respecta a sus componentes de provisoriedad declarada. La moda revolucionaria, la nueva Roma del Directorio también fue “provisoria”

domingo, 12 de abril de 2009

Indumentaria revolucionaria y frivolidades radicales

En Francia (abocada a la revolución) la moda se hizo más rígida, más sofisticada y formalista. En Inglaterra, que se dirigía hacia un cambio social más ordenado y un desarrollo industrial explosivo, la moda cambió su tendencia normal y los dictadores de la moda se decidieron por el atuendo más práctico de las clases obreras. Mientras los franceses lucían rígidos brocados, los ingleses adoptaron los tejidos de lana y algodón. A raíz de la Revolución Francesa se produjeron dos cambios radicales en la moda europea; así, la vestimenta se convirtió en objeto de propaganda ideológica de la nueva era. En el hombre se volvieron a imponer los pantalones después de 600 años; los revolucionarios adoptaron la vestimenta de las clases bajas en lugar de las medias y los calzones usados por la nobleza. Este traje revolucionario, que evolucionaría hasta llegar a ser el estilo ciudadano durante el siglo XIX, se componía de una casaca llamada carmagnole, un pantalón largo llamado sans-culotte, una escarapela tricolor, el gorro frigio y unos zuecos. En la mujer hubo una vuelta consciente hacia lo que se consideraba el estilo griego clásico. Desaparecieron durante un par de décadas los corsés, los guardainfantes y las armaduras, que fueron sustituidos por tejidos ligeros de aspecto natural, cinturas altas, brazos desnudos y corpiños cortos. Sin embargo, a causa del caótico clima social que se vivía, aparecieron durante el periodo del Directorio tendencias absolutamente radicales o frívolas, como es el caso de los llamados incroyables, hombres que llevaban cuellos altísimos, grandes solapas, corbatas muy anchas, chalecos de colores estridentes y calzones. La exageración también estuvo presente en la moda femenina: las merveilleuses se vestían con tejidos finísimos, casi transparentes. A pesar del miedo a la Revolución que existía en otros países europeos, la moda francesa logró imponerse y afianzarse. Sedas, encajes y brocados desaparecieron del atuendo masculino y, durante un tiempo, también del femenino.

domingo, 5 de abril de 2009

Rosas rococó rosadas

A partir de 1715 surgió el estilo refinado que se conoce con el nombre de rococó, caracterizado por una estética artificiosa que en ocasiones llegaba al exceso y la frivolidad. La corte francesa marcaba la moda y las tendencias, y numerosos pintores captaron este tipo de indumentaria, como Jean-Antoine Watteau o Maurice Quentin de la Tour. En la última década del siglo las tendencias cambiaron como consecuencia del triunfo de la revolución, adoptando una nueva estética como símbolo de los nuevos valores políticos y sociales.