jueves, 7 de julio de 2011

Bloomers

Amelia Jenks Bloomer (1918-1894) quedó impresionada al descubrir el atuendo con influencias turcas de la señorita Elizabeth Miller (hija de un congresista de la época) que incluía un pantalón bombacho de fina y cómoda tela. Amelia deseó adaptar el pantalón ligeramente holgado y con reminiscencias árabes en el traje femenino, para librarlo de la opresión del corsé y de la complicación de las faldas de la época. Allí comenzó la polémica. 
  
Muchos sólo recuerdan a Amelia Bloomer como la creadora de una moda revolucionaria en su época, los bloomers o pantalones bombachos, pero Amelia Bloomer fue también una incansable defensora de los derechos de la mujer en una sociedad para la que una mujer era sólo el pilar de la familia, y trataba de dejar en un segundo plano sus facetas culturales, creativas, políticas o trabajadora.
En enero de 1849, animada por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony - otras defensoras de los derechos de la mujer, comenzó a publicar su propio periódico The Lily, completamente dedicado a la mujer y a sus intereses y desde donde intentaba enfocar los temas femeninos – educación, disciplina, moda y sufragio – desde un punto de vista reformista, reclamando un papel más destacable e igualitario de la mujer en la sociedad.
En 1850 y a través de su periódico, presentó un nuevo estilo de vestuario para las mujeres “activas” inspirado en los trajes tradicionales turcos. La presentación de sus pantalones para mujeres  provocaron una oleada de indignación entre la sociedad e insultos de la prensa.
Estos pantalones eran como unas enaguas largas, flojas y ligeramente hinchadas que se estrechaban en el tobillo; sobre ellas iba una falda más corta que las habituales faldas victorianas. Aunque el diseño desde el punto de vista estético puede resultar discutible, lo cierto es que resultaban cómodos y fueron la antesala de los pantalones para uso femenino.


 

Fueron muchas las mujeres que se atrevieron a usarlos, a pesar de ser ridiculizadas y de las burlas que tuvieron que soportar; algunas los usaban por el convencimiento de que representaban un avance para la comodidad de las mujeres lejos del encorsetamiento que imponía la moda victoriana; otras lo hicieron por reivindicación, usando los “bloomers” como un símbolo de la igualdad de  derechos de la mujer.
Así, el bloomerismo llegó a convertirse hacia 1890 en todo un fenómeno de lo moderno con la llegada de la “fiebre de la bicicleta”, ya que era mucho más cómodo montar en bicicleta con bloomers y no con faldas. Eso sí, su renacer trajo consigo alguna variación estética: un tejido más adecuado como el tweed y la supresión de la falda superpuesta.

 

martes, 5 de julio de 2011

Hadas

La "cabina" constituye un mundo aparte. A semejanza de los "camerinos" de teatro, tiene butacas, lámparas y espejos. Como los camerinos, es un poco sórdida. Como en los camerinos, en ella sólo viven hadas.

Tercera parte:  Una casa de costura    
Christian Dior y yo    

martes, 31 de mayo de 2011

No adornéis vuestras cabezas santas y cristianas...

"No debemos, dice San Clemente de Alejandría (siglo II), cambiar por colores artificiales el color natural de nuestro pelo y nuestras cejas. Si nos está prohibido usar trajes de colores distintos y mezclados, con mayor razón nos lo está hacer desaparecer la blancura de nuestros cabellos, que es causa de respeto y signo de autoridad"

No obstante, los cristianos cedían a la corriente general, y no solamente se teñían el pelo sino que también usaban pelucas.


Palabras de Tertuliano: "Hacéis todavía algo peor, añadís a vuestro pelo natural no sé qué enormidad de pelo que no es vuestro, unas veces envolviendo la cabeza por entero, otras a modo de rodete. Mucho me equivoco si estas maneras no van directamente contra el precepto del Señor. Ha dicho que nadie podría añadir nada a su estatura. No obstante, colocaís pelucas altas en redondel sobre vuestras cabezas, como si quisierais armarlas con escudos. Si estas enormidades no os causan verguenza, avergonzaos al menos de la falta que cometéis llevándolas. No adornéis vuestras cabezas santas y cristianas con el despojo de algunas cabezas extrañas que son quizá impuras, insanas y condenadas a las penas del infierno".

miércoles, 20 de abril de 2011

Vana arquitectura


    No la imagines vestida
con tan linda proporción
de cintura, en el balcón
de unos chapines subida.
Toda es vana arquitectura;
porque dijo un sabio un día
que a los sastres se debía 
la mitad de su hermosura.
El perro del hortelano (cap 1)   
Lope de Vega    
 

martes, 12 de abril de 2011

Travestismo literario

...
fui caminando hacia mi chambre, y una vez en ella, muchas horas antes de que volviera a la normalidad y a la realidad, me di cuenta de que me sentía muy mal con mi cuerpo y también con mi burguesa y encorsetada forma de vestirme y me dio por cambiarme frenéticamente de ropa y buscar una presencia ante el espejo distinta de la habitual, y acabé vestido de Hemingway en versión femenina, es decir, que me disfracé de niño con bucles rubios de niña, tal como la madre de Hemingway le disfrazaba a él cuando era pequeño, cuando le vestía de guinga rosa con un sombrero de flores, lo que dicho sea de paso me ha llevado a pensar que toda la carrera viril-literaria de Ernest puede ser leída como una reacción extrema a la imagen de niño femenino de mamá.
...
París no se acaba nunca   
Enrique Vila-Matas   
Foto: Colección Ernest Hemingway   
Biblioteca John F. Kennedy de Boston   

martes, 5 de abril de 2011

Abrigate!!! Chaquetas de mañana.

 Las chaquetas de mañana estuvieron de moda a comienzos de 1870 y se les dió el nombre de chaqueta University o Anglefronted. Casi siempre negras o azules se hacían en distintas telas como paños, terciopelos, angora y tweeds. Aunque los jóvenes elegantes preferían los atrevidos cuadros de fantasía.
 Las versiones de doble abotonadura requerían una habilidad especial por parte de los sastres, porque a menudo se abrochaban solo con uno o dos botones. Los hombres preferían que sus chaquetas se abrieran lo más posible para dejar ver los chalecos de colores y los relojes de cadena que llevaban en la cintura.
Era dificil mantener la forma de la chaqueta atada solamente con dos botones, enseñar parte del chaleco y, al mismo tiempo conservar un aspecto elegante. Si la posición de los botones no era la correcta (a la distancia oportuna de los bordes de los delanteros) la chaqueta parecía desgarbada y pesada.

Durante la mayor parte del siglo XIX los hombres elegantes usaron principalmente tres estilos de chaquetas: chaqueta de mañana, levitas y lounge jacket o americana.
Las chaquetas de mañana, de cuellos y solapas muy bajos para poder lucir el chaleco, la fina  corbata de seda y el alfiler decorativo con que solía sujetarse, se usaba durante todo el año, y los hombres soportaban el frio con tal de ir a la moda.
En 1875, sin embargo, The Gentleman´s Magazine of Fashion informaba: "Los médicos atribuyen muchas de las muertes que se produjeron el pasado invierno a la moda de los trajes escotados que no protegen suficientemente el cuello y la garganta"

jueves, 17 de marzo de 2011

Entre santos y mercaderes. El pantalón

El origen de la palabra pantalón es relativamente reciente. Según ciertas versiones viene del apodo que recibían los venecianos adeptos a unos calzones largos y angostos llamados pantalone en honor al santo que veneraban: San Pantaleón.


Por otra parte, en la Comedia del Arte el personaje conocido como Pantaleone o Pantaleón es un viejo mercader tacaño, unas veces rico y apreciado por la nobleza, y otras veces arruinado, pero siempre muy particular. Un hombre ingenuo y crédulo, al que siempre se intenta burlar.
En el caso de este Pantaleón, su nombre no viene de San Pantaleón, sino del término italiano “pianta-leoni”, con el que se designaba a los mercantes que iban a “plantar” el León de San Marco en las tierras conquistadas, y donde existía la posibilidad de establecer nuevos comercios.
Por eso Pantaleone era el símbolo de los mercaderes y hoy día su máscara es la más habitual del carnaval de Venecia, con la pose de pasar la mano por la barbilla en actitud pensante.
Para ocultar su edad en su afán de atraer a las mujeres, Pantaleone llevaba una extraña indumentaria turca, que consistía en un calzón ajustado a las piernas y ceñido hasta las rodillas.
Curiosamente, del recorrido de la “Comedia Italiana” por Europa y especialmente a su paso por Inglaterra, fue la imagen de Pantaleón la que puso de moda este tipo de calzones a finales del siglo XVII, y en su honor se los llamó “pantaloons”.

martes, 15 de marzo de 2011

Labores estrechas

Los lazos y las cintas eran un adorno muy importante en el vestir de los siglos XVII y XVIII.
Durante los siglos XIV y XV todo tipo de guarniciones –borlas, cintas, flequillos, galones, bocadillos y galones metálicos – se conocían con el nombre de "labores estrechas" ya que, en un principio, se tejían en telares manuales estrechos, generalmente a manos de mujeres. Sólo se podía hacer un encaje o una cinta por vez.
La máquina de tejer alemana se inventó hacia 1604 y, a mediados de siglo, un operario era capaz de tejer veinticuatro cintas al mismo tiempo. Este incremento repentino de las labores estrechas puede haber contribuido al extravagante uso de la pasamanería, las cintas y otros adornos textiles en la vestimenta de los siglos XVII y XVIII.

martes, 8 de marzo de 2011

Vestido de seda

 
Si Adelita se casa conmigo,
si Adelita fuera mi mujer,
 le compraría un vestido de seda,
la llevaría a bailar al cuartel.


Edwige Feuillère con vestido de Christian Dior  

miércoles, 2 de febrero de 2011

Faltriqueras

Faltriquera.   (del mozár. *arikáyra, lugar para bagatelas).

Esta prenda formaba parte generalmente del vestuario femenino y era una especie de saquito de lienzo con una rajadura festoneada, vertical y al centro. Las mujeres casadas o viejas la usaban sencilla u ordinaria, y las solteras sobre todo en días de fiesta, lujosas: coloreadas, perfiladas por sus bordes, con suntuosos bordados figurando dibujos geométricos, hojas de margarita, etc., y las iniciales del nombre y apellido de la propietaria, sueltas, entrelazadas; todo trabajado con verdadero primor.

Había ciertos objetos que la mujer debía mantener consigo, pues eran símbolos de su poder doméstico y de su mística femenina: llaves, agujas, dedales, cajitas para grasas perfumadas y una bolsita para cargar unas cuantas monedas. Todo esto se llevaba por debajo de la falda, colgando de un conjunto de cadenitas que se ajustaba a la cintura y que recibía el nombre de chatelaine. Para acceder a ella había una abertura en un costado de la falda.

En el transcurso del siglo XVII se empezaron a incorporar los primeros bolsillos en la indumentaria femenina. Se trataba de un par de bolsas unidas a una cinta que se ponía en la cintura y a las que igualmente se accedía por aberturas laterales en la falda; recibieron el nombre de faltriquera y su uso se extendió hasta el siglo XVIII. En las faltriqueras, podían llevarse monedas, pañuelos e implementos de costura. Las más elegantes, agregaron a la chatelaine otra cadena para llevar el monóculo y las más piadosas pendían de allí una Biblia en miniatura. Entretanto, los trajes masculinos también tuvieron sus bolsillos, pero en las chaquetas, y la mayoría de las veces falsos. 

"Lucy Locket perdió su faltriquera
Kitty Fisher la encontró
No había dentro ni una moneda
Solamente una cinta apareció"

martes, 25 de enero de 2011

Billy Pilgrim. Matadero Cinco.



Billy Pilgrim tenía una figura insensata: metro ochenta y ocho de estatura y un pecho semejante a una caja de cerillas.
No tenía casco, no tenía guerrera, no tenía armas, no tenía botas. Llevaba los pies metidos en unos zapatos de calle baratos —los mismos que había calzado en los funerales de su padre— a uno de los cuales le faltaba el tacón, lo que le hacía andar oscilando arriba-y-abajo, arriba-y-abajo. Este baile involuntario, arriba-y-abajo, arriba-y-abajo, le producía escozor en la articulación de la cadera. Su indumentaria, consistía en una chaqueta deportiva delgada, una camisa, unos pantalones de lana de la que pica, y unos calzoncillos largos impregnados de sudor.
… llevaba barba, una barba erizada y escasa, algunos de cuyos erizados pelos ya eran blancos a pesar de que Billy tenía veintiún años. Además se estaba quedando calvo y el viento, el frío y el ejercicio violento habían dado a su rostro un color carmesí.
No se parecía en nada a un soldado. Semejaba un mugriento pajarraco.
 Matadero Cinco  
Kurt Vonnegut   

jueves, 13 de enero de 2011

Ejecutivas

 

La serie Dinastía y la película Secretaria Ejecutiva popularizaron el "traje de ejecutiva", pero la alta costura se había adelantado: la falda tubo blanco y negro, combinada con una chaqueta entallada a juego de Marc Bohan para Dior y las campañas de 1984-85 de Giorgio Armani,  lo pusieron de moda.

Falda tubo, chaquetas entalladas y hombreras.
Las vesiones de Jean Louis Scherrer y Pierre Balmain muestran el diseño extremo de la silueta.